mormon-gold-platesLas escrituras fueron muy importantes para la gente cuya historia está registrada en el Libro de Mormón. Al principio de la narrativa del Libro de Mormón, un profeta de Jerusalén llamado Lehi es advertido de la destrucción inminente de la ciudad (alrededor de los años 600 a. C. justo antes del cautiverio de Babilonia). Su hijo Nefi registró:

Pues sucedió que al comenzar el primer año del reinado de Sedequías, rey de Judá (mi padre Lehi había morado en Jerusalén toda su vida), llegaron muchos profetas ese mismo año profetizando al pueblo que se arrepintiera, o la gran ciudad de Jerusalén sería destruida.

Por lo tanto, quisiera que supieseis que después que el Señor hubo mostrado a mi padre Lehi tantas cosas maravillosas, sí, con respecto a la destrucción de Jerusalén, he aquí, mi padre salió entre el pueblo y empezó a profetizar y a declararles concerniente a lo que él había visto y oído. Y aconteció que los judíos se burlaron de él por las cosas que testificó de ellos, porque verdaderamente les testificó de sus maldades y abominaciones; y les dio testimonio de que las cosas que había visto y oído, así como las que había leído en el libro, manifestaban claramente la venida de un Mesías y también la redención del mundo.

Y cuando los judíos oyeron esto, se irritaron contra él, sí, tal como contra los profetas de la antigüedad, a quienes habían echado fuera, y apedreado, y matado; y procuraron también quitarle la vida. Pero he aquí, yo, Nefi, os mostraré que las entrañables misericordias del Señor se extienden sobre todos aquellos que, a causa de su fe, él ha escogido, para fortalecerlos, sí, hasta tener el poder de librarse (1 Nefi 1:4, 18-20).

El Señor extendió Su misericordia a Lehi y su familia guiándolos fuera del peligro. Él prometió llevarlos a una “tierra prometida” a fin de preservar a la rama justa de Israel. La familia, con algunos amigos, dejó atrás sus abundantes posesiones y viajaron tres días en el desierto. Fue ahí que el Señor reveló a Lehi que debería enviar de regreso a sus hijos a Jerusalén para recuperar un registro escrito guardado en la casa de Labán:

“Pues he aquí, Labán tiene los anales de los judíos, así como una genealogía de mis antepasados; y están grabados sobre planchas de bronce. Por lo que el Señor me ha mandado que tú y tus hermanos vayáis a la casa de Labán, y procuréis los anales y los traigáis aquí al desierto”.

Los hermanos lo hicieron con un gran riesgo para su seguridad personal. El riesgo valía la pena debido al valor del registro de escrituras:

“Y después de haber dado gracias al Dios de Israel, mi padre Lehi tomó los anales que estaban grabados sobre las aplanchas de bronce, y los examinó desde el principio.  Y vio que contenían los cinco libros de Moisés, los cuales relataban la historia de la creación del mundo, y también de Adán y Eva, nuestros primeros padres;  y asimismo la historia de los judíos desde su principio, aun hasta el comienzo del reinado de Sedequías, rey de Judá;

“Y también las profecías de los santos profetas desde el principio, hasta comenzar el reinado de Sedequías, y muchas profecías declaradas por boca de Jeremías. Y aconteció que mi padre Lehi también halló sobre las aplanchas de bronce la genealogía de sus padres, por lo que supo que descendía de José, sí, aquel José que era hijo de Jacob, que fue vendido para Egipto y preservado por la mano del Señor para que salvara del hambre a su padre Jacob y a toda su casa.

“Y también fueron librados del cautiverio y conducidos fuera del país de Egipto por el mismo Dios que los había preservado.  Así fue que mi padre Lehi descubrió la genealogía de sus antepasados. Y Labán también era descendiente de José, por lo que él y sus padres habían llevado los anales. Y cuando mi padre vio todas estas cosas, fue lleno del Espíritu y empezó a profetizar acerca de sus descendientes: Que estas planchas de bronce irían a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos que fueran de su simiente. Por tanto, dijo que estas planchas nunca perecerían, ni jamás el tiempo las empañaría. Y profetizó muchas cosas en cuanto a su posteridad.

 

Y sucedió que hasta este punto mi padre y yo habíamos guardado los mandamientos que el Señor nos había mandado. Y habíamos obtenido los anales que el Señor nos había mandado, y los escudriñamos y descubrimos que eran deseables; sí, de gran valor para nosotros, por motivo de que podríamos preservar los mandamientos del Señor para nuestros hijos. Por lo tanto, fue en la sabiduría del Señor que los lleváramos con nosotros mientras viajábamos por el desierto hacia la tierra de promisión (1 Nefi 5:10-22).

 

La posesión de las escrituras escritas en el año 600 a. C. pasó a ser una gran bendición para los descendientes de Lehi, quienes finalmente hicieron su camino a las Américas. Primero que todo, preservaron la genealogía de Lehi. En segundo lugar, las escrituras fueron relativamente puras. Ediciones posteriores de las escrituras conservadas tras la Tierra Santa serían editadas, y algunas partes se perderían. Ediciones del “Antiguo Testamento” llevadas a cabo después del nacimiento de movimiento cristiano eliminó partes que podrían ser interpretadas para referirse a Jesús como el Mesías. Pero esta antigua colección conservó esas referencias, permitiendo a la gente del Libro de Mormón practicar la Ley de Moisés, buscando al Salvador quien cumpliría la ley. “Lo que nos interesa más que los libros incluidos en las planchas de bronce es el tono y tenor y el alcance general del evangelio y salvación para los que fueron establecidos. Están orientados al evangelio y hablan de Cristo y los muchos conceptos cristianos que el mundo erróneamente asume que fueron originados con Jesús y los primeros apóstoles (McConkie, Bruce R., “The Doctrinal Restoration.” published in The Joseph Smith Translation: the Restoration of Plain and Precious Things, edited by Nyman and Millet, pp. 16-17).

“Y a pesar de que creemos en Cristo, observamos la ley de Moisés, y esperamos anhelosamente y con firmeza en Cristo, hasta que la ley sea cumplida. Pues para este fin se dio la ley; por tanto, para nosotros la ley ha muerto, y somos vivificados en Cristo a causa de nuestra fe; guardamos, empero, la ley, a causa de los mandamientos. Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados.

“Por lo tanto, hablamos concerniente a la ley para que nuestros hijos sepan que la ley ya no rige; y, entendiendo que la ley ya no rige, miren ellos adelante hacia aquella vida que está en Cristo, y sepan con qué fin fue dada la ley. Y para que, después de cumplirse la ley en Cristo, no endurezcan contra él sus corazones, cuando la ley tenga que ser abrogada” (2 Nefi 25:24-27).

Estas escrituras conservadas no solo beneficiaron a los pueblos del Libro de Mormón, también a nosotros en los últimos días. En 1 Nefi 5:21 Lehi profetizó que, “estos anales de bronce jamás se perderían”. Algunas planchas han sido traducidas y constituyen lo que llamamos el Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo. Otras de las planchas han sido retenidas por el Señor para su traducción en un tiempo posterior, cuando el mundo esté preparado para recibirlas. Los escritos de José quien fue vendido en Egipto, por ejemplo, están en las planchas, y contienen sus profecías y registran “el principio del fin.” Esto es, que revelan los hechos del Señor desde antes de la creación de la tierra hasta después de la Segunda Venida, y contienen muchos de los misterios de Dios. Actualmente, el mundo es demasiado inicuo para que éstos sean revelados. Se espera que lleguen durante el Milenio, cuando todos los habitantes de la tierra sean justos y Cristo reine.

El Libro de Mormón nos proporciona muchos puntos de vista con referencia al Antiguo Testamento además de las referencias de Cristo que sería el Salvador del mundo. “El Libro de Mormón testifica tanto la verdad como el significado del mensaje bíblico. Nuevamente, las planchas de bronce son un contribuyente poderoso a ese testimonio” (Joseph Fielding McConkie).

  • Revela el “judaísmo” de los pueblos del Libro de Mormón. Las nuevas incorporaciones al cuerpo de las escrituras a menudo son escritos en quiasmo (forma judía de escritura poética) y contiene muchos hebraísmos, continuando el estilo de las escrituras que ya tenían en su posesión. Nefi constantemente se refiere a la historia del Éxodo cuando intenta aconsejar a sus hermanos rebeldes.

“Subamos pues, y seamos fuertes como Moisés; porque él de cierto habló a las aguas del Mar Rojo y se apartaron a uno y otro lado, y nuestros padres salieron de su cautividad sobre tierra seca, y los ejércitos de Faraón los persiguieron y se ahogaron en las aguas del Mar Rojo. He aquí, a vosotros os consta la certeza de esto, y también sabéis que un ángel os ha hablado; ¿cómo, pues, podéis dudar? Subamos hasta allá; el Señor puede librarnos como a nuestros padres, y destruir a Labán como a los egipcios” (1 Nefi 4: 2, 3).

  • El Libro de Mormón hace referencia a los profetas del Antiguo Testamento cuyos escritos no están más en el canon, ayudándonos a darnos cuenta que las escrituras existentes están incompletas. (Vea Libros perdidos.)
  • El Libro de Mormón hace referencia a muchos sucesos y gente del Antiguo Testamento que algunos estudiosos actuales consideran mitos. Por ejemplo, hay una referencia de Job, de la historia de Jonás, de la creación, Adán y Eva, a la identidad de Melquisedec, de la división del Mar Rojo por Moisés, de la torre de Babel y de la confusión de lenguas, del diluvio y de la grandeza del Rey David. Estas referencias validan el relato bíblico.
  • El Libro de Mormón comprende algunas secciones de Isaías que hacen referencia a la dispersión y reunión de Israel. Estas secciones se refieren directamente a esta rama de Israelitas llevados a convertirse en el pueblo del Libro de Mormón. Fue un alivio para ellos saber que sus descendientes serían reunidos. Cuando José Smith tradujo estas secciones, su traducción terminó conteniendo elementos de varias traducciones de Isaías disponibles en ese tiempo, pero no disponibles para él. Esto se suma a la naturaleza extraordinaria del Libro de Mormón. José Smith sólo tenía tres años de educación primaria, y ningún material de biblioteca para ayudarse. Estas secciones de Isaías están relacionadas con las demás escrituras del Libro de Mormón que ilustrar las escrituras de Isaías para nuestro entendimiento.
  • El Libro de Mormón incluye citas de fuentes bíblicas que los estudiosos dicen que son últimas adiciones a los registros bíblicos, validando su origen antiguo.

¿Es algo malo que el Libro de Mormón cite o sostenga a la Biblia?

“…cualquier estudioso bíblico sabe que sería extremadamente sospechoso si un libro que pretende ser el producto de una sociedad piadosa de emigrantes de Jerusalén en tiempos antiguos no citara a la Biblia. Ningún escrito religioso duradero de los hebreos posiblemente podría ser genuino si no estuviera lleno de citas escritas (Dr. Hugh Nibley).

A algunos les molesta que las secciones que citan a Isaías sean similares a la versión del rey Santiago, y que partes del Libro de Mormón escritas después de la resurrección de Cristo sean similares al Nuevo Testamento de la versión del Rey Santiago.

“… ¿por qué alguien que cite la Biblia a lectores americanos de 1830 no seguiría la única versión de la Biblia conocida por ellos? De hecho los pasajes de la Biblia citados en el Libro de Mormón a menudo difieren de la versión del Rey Santiago, pero ya que esta última es la correcta es la razón por la que debería ser seguida. Cuando Jesús y los apóstoles, y para el caso, el ángel Gabriel citan las escrituras en el Nuevo Testamento, ¿los recitan de algún libro misterioso? ¿Citan a los profetas antiguos en el original final? ¿Dan sus propias traducciones inspiradas? No, no lo hacen. Citan la septuaginta, una versión griega del Antiguo Testamento preparado en el tercer siglo a. C. ¿Por qué? Porque sucedió que fue recibida como la versión estándar de la Biblia aceptara por los lectores del Nuevo Testamento griego. Cuando los “santos hombres de Dios” citan las escrituras siempre es en la versión estándar recibida por los pueblos a quienes se dirigen.”